Publicado por el Jul 1, 2016 en Patrimonio Inmaterial, Tesoros Humanos Vivos |

Curadora o cuidadora de semillas. Cualquier de estos conceptos para ella es inventado. “Todos los campesinos que respeten sus tradiciones deberían ser curadores de semillas”.

Zunilda Lepín Henríquez, originaria de la comunidad de Lumahue, en la Región de La Araucanía, fue reconocida como Tesoro Humano Vivo en 2015 por su historia “al servicio de la vida de las plantas”, por su tradición de no dejarlas morir, por su amor de cuidarlas desde el origen: la semilla. Y cada semilla que encuentre a su paso.

Las ha buscado en muchos lugares, dentro y fuera del país. De Brasil, por ejemplo, trajo el poroto bombero. Tiene a su cargo la sobrevivencia de nísperos aceitunas, cerezos, nogales, guindos, canelos, salvia, menta, congona, flores…

“La semilla para mí es vida. Alimento, salud… es todo. ¿Sin semillas qué somos? No somos nada (…) ¿De qué nos alimentamos, de qué vivimos?: de la semilla”, dice mirándonos a los ojos, mirando a la cámara con que elaboramos el registro documental de sus saberes, de su oficios, de sus tradiciones, de su historia que es también la historia de un pueblo originario.

¿Por qué es importante cuidar las semillas?, podrá preguntarse cualquiera. El motivo más importante se explica cuando vemos los alimentos que consumimos. “Hay que resguardar las semillas antiguas”. Esas que la industria ha modificado, ha fertilizado, ha intervenido.

La “señora Zuny”, sin embargo, es mucho más que eso. Huertera. Cocinera. Jardinera. Emprendedora. Maestra. Ella misma está consciente cuando dice “le hago a todo un poco”.

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Trafkintu

Zunilda Lepín no sólo cuida sus semillas. No sólo busca las que no tiene. Recupera las que ha perdido. También las intercambia. Incluso, las regala. “Usted quiere tener una semilla y no tiene con qué cambiarla, uno le regala la semilla porque usted tiene ganas de tener esa semilla”, cuenta lo que hace en el trafkintu. “Si uno cuida la semilla y la tiene para uno no más, se pierde”, reflexiona.

El trafkintu es intercambio de semillas. “No hay plata de por medio”, explica acerca de esos encuentros a donde asiste con los suyos, tanto locales como nacionales.  Viene también el recuerdo. El cuándo y el por qué. Y entonces, ¡ah, la familia, el padre! “Desde que tengo conocimiento mi papá hacía intercambio de semilla. Tenía un almud, un cajoncito, que hacía siete kilos. Un almud de trigo por uno de avena o de arveja”.

Los intercambios de semillas son más frecuentes en invierno “para aprovechar las patillas y renuevos”.

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La huerta

Todos conocemos o comemos la calabaza, pero en la tierra de Zunilda hay muchas variedades. Casi todos usamos el ají en nuestras comidas, pero ella cuida, planta, hace crecer y cocina al menos diez tipos.

Esa maravilla es posible gracias a un huerto que tiene más de tres décadas y donde el único orden posible, es el natural, el espontáneo, como eran los huertos de antaño, las huertas campesinas. Ella, sin embargo, sabe dónde está cada hierba, cada aliño, cada alimento. Y conoce y explica, para quien lo necesite, propiedades y beneficios.

En su espacio, Lepín Henríquez tiene plantas para comer, plantas para curar, plantas para encantar.

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Zuny Tradiciones

¿Cómo fundir flores con verduras en lograr una ensalada única? En Zuny Tradiciones, junto a su hija y cocineras de tradición mapuche, refunda lo que aprendió, lo que su cultura le ha entregado para seguir repartiendo recetas y enseñanzas de la gastronomía originaria.

En su restorán de comida campesina, Zunilda no se perdonaría tener un producto transgénico u obtenido con ayuda de químicos. Allí, en su local de Temuco, solo se usan y consumen alimentos orgánicos.

Sus tradiciones han recorrido kilómetros en Chile y en el mundo. La señora Zuni ha participado en diversas actividades que se han realizado en el país y fuera de él. Para decretar la vida eterna de la semilla. Para defender la soberanía alimentaria. Para difundir la gastronomía de su vida.

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